Carta de Director | CARTA DEL DIRECTOR

La Plata, 15 de octubre de 2015

“La Gloria de Dios consiste en que el hombre viva,
y la vida del hombre consiste en la visión de Dios”
San Ireneo

Queridos hermanos: 
                                Ante la circunstancia festiva de poder estar celebrando juntos los primeros 60 años de vida de Caritas en nuestra Arquidiócesis, aprovecho para dejarles estas ideas como disparadores para nuestra tarea.

1- La Fe es memoria agradecida

La Fe nos invita a agradecer siempre las obras de Dios en nuestra historia. Así lo vivió el pueblo de Israel cuando año a año, recordando la Pascua, volvía a cantar con júbilo: “grandes cosas hizo el Señor con nosotros y estamos rebosantes de alegría”(Sal 125). Más allá de lo que en cada momento se esté viviendo, la Fe nos invita a recordar que el Dios que hizo grandes cosas con nosotros en otro tiempo, es el mismo que nos acompaña hoy, y por eso con el magníficat de María podemos volver a proclamar hoy “El Poderoso ha hecho obras grandes en mi ”(Lc1, 49).

La memoria agradecida fortalece nuestra acción y nuestra esperanza. La memoria de quienes nos precedieron los honra y al mismo tiempo, nos impulsa a continuar hoy, con una confianza y una esperanza que no cansa ni defrauda en el Señor que nos llama a la tarea de la animar la Caridad en toda la Iglesia.

2- La Fe es compañía que dignifica, consuela e impulsa

La Fe es compañía que dignifica porque nos hace ser conscientes del amor incondicional de Dios Padre por cada uno de nosotros. Quien se sabe amado, encuentra un sentido y una fortaleza para su lucha. Por eso la Fe consuela, devuelve fuerzas al fatigado, despeja la mente del que está confundido, hace resurgir la sonrisa al que llora. Nuestro testimonio de caridad busca ser ese gesto que haga surgir de los corazones de los que nos rodean los sentimientos y actitudes que les den nuevo ánimo para su propio vivir.

Quisiera aquí tomar dos imágenes para ilustrar esta tarea de la compañía de la Fe. En primer lugar recordar la imagen que el Papa Francisco nos regala para el año de la Misericordia: La Iglesia como “hospital de campaña”, es decir, un lugar para curar las heridas que este mundo deja a tantos “heridos sociales”. Hay que estar cerca de donde se producen estas heridas, para curarlas y de a poco restablecer las fuerzas que se han perdido. Y no podemos olvidar ni callar que lo que más cura las heridas es el Amor de Dios que queremos hacer visible a través de la Caridad de la Iglesia.

La segunda imagen proviene de un experimento que hace tiempo escuché. Se realizaron experiencias para ver qué situaciones favorecían o desfavorecían la solidaridad, y se descubrió que los olores influían mucho en las ganas de ayudar o no al prójimo. La gente estaba menos dispuesta a ayudar a alguien frente a un taller, una gomería o un baldío sucio, que frente a una panadería o a una casa de comidas. Los aromas que surgían del lugar hacían que la gente quisiera o no, estar mucho en el lugar ayudando a otros. Utilizando este simple ejemplo podemos decir que estamos llamados a ser ese “buen olor” que haga que los demás quieran detenerse el mayor tiempo posible a ayudar a su prójimo.

3- La Fe es profecía de un mundo más justo, de otra historia posible en la que Dios invita a comprometerse en su obra, que es el hombre viviente.

“El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Ap 21,4). Con esta esperanza los cristianos caminaron desde el comienzo en medio de persecuciones y contradicciones. El libro del Apocalipsis es un testimonio vivo de esta esperanza, y hoy se hace actual en cada situación de dolor en la que nos hallamos y ante la cual nos ponemos en actitud de servicio, lavando los pies de nuestros hermanos como lo hizo el Señor en la última cena. Pero sabemos que en nuestra condición de caminantes de la historia, ninguna derrota es absoluta, ni ninguna victoria es definitiva, todos son signos de la única, definitiva y permanente “derrota/victoria” de la cruz del Señor. Por eso, cada acción, cada obra, cada proyecto, busca ser siempre profecía de lo impensado, de lo que los sabios de este mundo consideran imposible. Un pensador contemporáneo dice que occidente cree más posible que un meteorito o que extraterrestres destruyan el planeta, que el hecho de que sea posible un cambio en el sistema económico y político que, como dice el Papa Francisco, excluye cada vez a más y más hermanos, de las condiciones imprescindibles de una vida vivida con dignidad.

Nuestra tarea es profética si es vivida con Fe. Recordando las palabras con las que comienza la  Constitución Pastoral Gaudium Et Spes, Sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano II que está cumpliendo 50 años de su promulgación:

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón.

Recordando las palabras de San Ireneo “La Gloria de Dios consiste en que el hombre viva”, nos lanzamos proféticamente a esta tarea y misión, que busca ayudar a que todos los hombres de nuestro tiempo puedan vivir una vida plena, asumiendo al mismo tiempo que este es el modo en que buscamos hacer cercano y tangible el amor de Dios por cada uno, para que lleguemos a experimentar todos que “la vida del hombre consiste en la visión de Dios”.

Hoy nos lanzamos nuevamente a la misión, con “los ojos fijos en el Señor, principio y consumador de nuestra fe” (heb 12, 2), pidiendo la protección e intercesión de la Inmaculada Madre de Dios, Patrona de nuestra Arquidiócesis. Que María nos enseñe cada día a estar disponible a lo que el Señor quiera de nosotros cada día, y que podamos responder con prontitud: “que se haga en mí según tu palabra”( Lc 1, 38).

P. Andrés Rambeaud
Director Gral. Caritas La Plata